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“De nuevo entre los hombres”
Joaquín Carbó en Los perros salvajes
El camino desembocaba en un campo abandonado, no demasiado grande, junto a una casa de labranza que parecía encontrarse fuera de lugar en aquella zona casi por completo urbanizada, muy cerca de una imponente obra a medio construir en la que trabajaban muchos hombres. Algunos de ellos descargaban barras de hierro de un camión, mientras que otros, subidos en los andamios, andaban entre piedras y ladrillos que iban amontonando ordenadamente, en un logrado intento de hacer crecer, cada vez más, la casa que construían.
La vi enfundada en un vestido largo, brillante, ampón, color crema, lleno de encajes y listones. Las mangas eran largas con escarolas amplias. Traía, además, una diadema plateada, que parecía flotar sobre su cabeza, y una varita larga, transparente y con una piedra preciosa en la punta. Entonces supe que se trataba de un hada.
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“Siluetas humildes”
Carlos González Peña
“Es una muchacha de edad indefinible. Tendrá dieciocho años; podrían asignársele veintitrés o treinta. Se acurruca bajo unas enaguas rameadas. Ciñe siempre, sea verano o invierno, su busto endeble, infantil, un suéter guinda. Los ojos son oscuros, melancólicos y rasgados, leve y aguileña la nariz”.