Antes, hace muchos años, no existían los llamados chicharos que se colocan en el oído de los actores para darles indicaciones y recordarles sus parlamentos. La única ayuda que tenían para la memoria era que los textos dramáticos se escribían en verso para que fuera más fácil recordarlos.
Los pájaros grabados en el zenit no cantan. El día se suicida arrojándose al mar.
Vicente Huidobro
Los lapidarios mexicanos no solamente tenían conocimiento de las piedras preciosas, sino también sabían trabajarlas y grabar en ellas cuanto querían.
La función de la lengua es:
En mitad del salto inmóvil oías, notas del Ángelus y música china de gatos.
Hombre-cohete y también golondrinas, araña en vela que hila con luna su tela.
Octavio Paz
No te límites. Date el gusto de estrenar una computadora Dell.
El catecismo consiste en la memorización de las oraciones principales.
Lee con atención el siguiente fragmento.
El carbón y el petróleo se consideran "combustibles fósiles", ya que se han formado por medio de un largo proceso de descomposición y transformación, a altas presiones de la materia viva de otras eras geológicas.
"Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!".
Federico García Lorca
México es un país joven en cuanto a su conformación como república. Sin embargo, las tradiciones y cultura mexicanas tienen una larga historia. Las pinturas murales de los aztecas y mayas dan una idea de su vida social y religiosa, así como de su fascinante cosmogonía. Los retratos y pinturas religiosas de Miguel Cabrera reflejan el carácter de la Nueva España, y la escuela neoclásica de finales del siglo XIX destila una fuerte influencia europea.
"...Sabes, si alguna vez tus labios rojos quema invisible atmósfera abrasada,
que al alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.".
Gustavo Adolfo Bécquer
—General, déjeme morir. Yo ya no valgo para nada; por favor dé la orden de que me maten.