El vocablo Coyoacán es el resultado de una serie de transformaciones que en su escritura y pronunciación sufrió la palabra náhuatl coyohuacán. La versión más aceptada es la que lo define como: lugar de los que tienen o poseen coyotes, basada en la explicación del topónimo original, que se compone de tres voces nahuas: coyotl, coyote; hua, posesión y can, lugar.
Esta última definición es apoyada por historiadores de la talla de Cecilio Robelo, Manuel Rivera y Cambas y Antonio Peñafiel, y aceptada por el cronista de Coyoacán Luis Everaert, quien afirma en su texto Coyoacán a Vuela-pluma que "siguiendo a León-Portilla, se justificaría la intromisión del coyote en el topónimo si se considera que, aparentemente, Coyoacán estaba consagrada a una de las más importantes deidades del panteón mexica, Tezcatlipoca (Espejo Humeante), cuyo nagual, era precisamente, ese cánido depredador".
Juan era el que llevaba la fruta y cobraba el sábado de cada semana; nunca dejaban de darle en la casa una peseta por el mandado. Aparte de esto, apenas abría la boca Cecilia, cuando el muchacho le adivinaba los pensamientos, corría por esas calles atropellando gente y volvía en minutos con los cigarrillos, con el pulque de piña, con lo vuelto de un peso, con lo que se le encargaba. Esta vida activa, este trabajo constante cuyos resultados veían en pesetas, en reales y en cuartillas de que llenaban sus bolsas, esta existencia segura y cómoda, lo hacía feliz.
Los bandidos de Río Frío en Manuel Payno
La adopción es el acto de recibir como hijo, con todos los requisitos de la ley, a quien no lo es por derecho de sangre. Adoptar a un niño es un acto de amor y de fe en los valores más olvidados de la humanidad. Sin embargo, en nuestro país, el camino para conseguir un hijo adoptado es largo y tedioso. Tal pareciera que las instituciones a cargo de dirigir dicho procedimiento prefieren tener huérfanos que niños integrados en una familia. Pienso que estas normas deben ser revisadas y cambiadas con carácter de urgencia. No es justo que parejas y personas solteras que no pueden concebir vivan el infortunio de no poder tener un hijo a su lado, gracias a la insensible burocracia. Naturalmente, tampoco está bien que niños huerfanitos con posibilidades de pertenecer a una familia vean pasar la vida entre las paredes de un orfanato.
El gobierno debería considerar que la mayoría de los delincuentes más peligrosos crecieron en la calle y sin el calor ni la comprensión de una familia.
Llegamos a la isla un sábado por la mañana. Primero aseguramos las canoas para que no se las llevara el mar, ya que la idea de que algo así sucediera nos llenaba de miedo. Después clasificamos los alimentos que llevábamos y los pusimos a salvo de los animales. Finalmente, construimos las tiendas de campaña y marcamos un perímetro de seguridad alrededor de las mismas.