Unidad 2. Géneros y corrientes literarias Resuelve las siguientes preguntas: 1. Se llama __________ a la agrupación por tema en que se han integrado las obras literarias. Cada conjunto de obras poseen rasgos comunes en estructura, temas y lenguaje. ¿Qué palabra completa la idea? A) género B) corriente C) ideología D) manifestación 2. ¿Cuál opción es ejemplo del género dramático? A) Soy como nube que vaga por el cielo, Que va llorando sin el aliento de Dios. ¿Dónde estás tierra de mi corazón? No es que yo esté llorando, el río se desbordó. ¿Dónde estás? Yo soy sólo un pasajero, Tierra de mi pensamiento, conmigo vas, B) El son istmeño es un género musical que se cultiva en el istmo de Tehuantepec, en el oriente del estado mexicano de Oaxaca. Se trata de un género de compás ternario, muy parecido al vals. Su instrumentación tradicional consiste en guitarra, requinto y bajoquinto. De más reciente introducción es la marimba, que va en retroceso ante el resurgimiento de los tríos tradicionales y de bandas de aliento en ciudades como Unión Hidalgo, Juchitán de Zaragoza y Santo Domingo Tehuantepec. C) RUFINO: —Octavio, por dios, contente ¿por qué en cólera montas? ¿No es más fácil enlazar cada cual con quien escoja? OCTAVIO: —¿Qué me aconsejas Rufino: que me olvide de las bodas que pensé para mis hijas? RUFINO: —Sí pues no importa que el marido no sea rico. Ella prefiere a Liseo, que la quiere y que la adora. Y si a Finea, Laurencio ha dotado de memoria y le ha dado entendimiento justo es que sea su esposa. D) La Montaña concentra la mayor parte de las bandas de música de viento, tlapanecas, nahuas, mixtecas y mestizas, sus géneros varían según cada grupo de indígenas; predominan las marchas, los valses, la música ritual, las cumbias; sin embargo, estas bandas de música sustituyeron a los grupos de música tradicional de cuerdas, que se ejecuta con violines, guitarras y contrabajo, que hoy en día aún es posible encontrarlos en toda la región de la montaña, participan en las fiestas comunitarias, en las bodas, en la quemas de velas, quema de leña, en las fiestas patronales, ceremonias, rituales o peticiones, en espacios sagrados y en cumpleaños. 3. ¿Qué forma de escritura se utiliza en el género dramático? A) Diálogos B) Párrafos C) Epístolas D) Citas textuales 4. Al autor de las obras teatrales se le conoce como… A) fabulista B) cuentista C) novelista D) dramaturgo 5. Lee el texto y contesta la pregunta. Morir temprano, mientras comulga el general (Fragmento) Como un gran reflector cuya intensidad alguien gradúa para que ilumine al mundo poco a poco, sin explosiones súbitas, despacio pero con firmeza inquebrantable: la luz del día va en aumento. En cosa de media hora, los objetos de la habitación que van cobrando forma, sus aristas que van apareciendo, sus volúmenes integrándose. Claroscuro opaco, grisáceo, que va adquiriendo colores definidos, como el rosa pálido del quinqué de Teresa, en la mesita de noche, en el cuarto de Teresa, el quinqué de petróleo que ella prefiere a la luz eléctrica, uno de los primeros objetos cuya figura al amanecer, en la mesita de noche, cerca de la pared que ella adorna con collares, en el cuarto de Teresa… Al amanecer a veces, a pesar de la proximidad de la piel suave de Teresa, una cierta angustia por esto: la luz que crece y ya nadie la para, el proceso iniciado apenas y ya incontrolable. Al principio preguntas, luchas, protestas, tratas de defenderte. Hasta que una buena mañana te quedas pegado a —colgado de— tu sonrisa: una sonrisa-rictus-arruga-como-tajada que, sin que lo notaras, fue avanzándote por la cara, te la atravesó de lado a lado dejándotela, como por parálisis, estática. A riesgo de llevarte también la piel con ella tratas de quitártela, disimulando, como si nada, como quien se quita un suéter de cuello alto y apretado. Pero insiste, permanece, de manera que acabas por acostumbrarte a ella, tu sonrisa más bien cómica, tu sonrisa no voluntaria, tu sonrisa que el vigilante, al vértela después de otra tanda de golpes todavía incrustada en la cara: —Así me gusta —te dice—: ya te estás volviendo más amable, y con esa sonrisa amable recibes, Andrés Sánchez, la noticia de que el 23 de enero —de que hoy— van a fusilarte. La puerta sólo la abrirán a las seis, cuando vengan por ti para fusilarte. Al vigilante, no volver a llamarlo. El vigilante dice que Teresa en la cárcel enfermó y murió, pero el vigilante miente. Cuando te llevaron al pequeño cuarto —…pasillo largo, luz amarilla, escalera corta, otra vez pasillo, empujones. Puertas, rejas, y nunca más los árboles, y nunca más Teresa—. Cuando te llevaron para decirte —no se molestaron en simular un proceso siquiera— que iba a ser el 23 de enero: que Teresa había sido puesta en libertad, también te dijeron. Y no es que vayas a creerles, pero lo sabes: que Teresa es la vida misma, que la muerte nada tiene que ver con Teresa. El aburrimiento, Andrés, ¿recuerdas?, el aburrimiento de no estar haciendo nada cuando tenías dos empleos. Pero conseguiste prescindir de uno, quedar sólo con el mejor: suboficina-subadministración-subsección-subempleo, quedar sólo con un trabajo y volver a la universidad y ahora te faltan días para terminar, por lo menos tu carrera, por lo menos lo que te agrada, días para terminar te faltan, te faltaban aquella mañana en el tranvía cuando la mano pegada al brazo empieza a asomar por la manga de la gabardina (no llueve), empieza a estirarse poco a poco para salir, como reptando, y cuando te tiene cerca, ¡zas!, te salta encima, ya no reptil, sino alimaña, y se une a la voz —aparentemente humana que te dice que bajes del tranvía sin armar escándalo. Y tú todavía no recapacitas, crees que te van a multar porque vienes con Teresa del zoológico y les han estado echando cacahuates a los monos araña y está prohibido dar de comer a los animales. ¿Cuál es el orden de los hechos? I. Tu sonrisa no voluntaria, tu sonrisa que el vigilante, al vértela después de otra tanda de golpes todavía incrustada en la cara. II. Te salta encima, ya no reptil, sino alimaña, y se une a la voz —aparentemente humana que te dice que bajes del tranvía sin armar escándalo. III. En cosa de media hora, los objetos de la habitación que van cobrando forma, sus aristas que van apareciendo, sus volúmenes integrándose. IV. A riesgo de llevarte también la piel con ella tratas de quitártela. V. Teresa había sido puesta en libertad, también te dijeron. A) I, II, III, IV, V B) I, III, V, II, IV C) III, IV, I, V, II D) IV, I, III, V, II 6. Residencia en la Tierra y Veinte poemas de amor, son obras de: A) Rubén Darío B) Pablo Neruda C) Manuel Acuña D) Manuel G. Nájera 7. La ciudad y los perros, La tía Julia y el escribidor y Pantaleón y las visitadoras, son obras de: A) Julio Cortázar B) Alejo Carpentier C) Mario Vargas Llosa D) Gabriel García Márquez 8. La historia de Madame Bovary fue escrita por… A) Márquez B) Cortázar C) Flaubert D) Carpentier 9. ¿Cómo se llama al relato extenso, escrito en prosa que narra acciones con muchos personajes en un macrocosmos? A) Fábula B) Cuento C) Novela D) Drama 10. ¿Cómo se llama la narración breve, escrita en prosa con pocos personajes y una historia sencilla? A) Fábula B) Cuento C) Novela D) Drama 11. Definición de género literario. A) Cada época integra las obras literarias. B) La agrupación por corriente que se limita al género épico. Cada conjunto de obras poseen rasgos comunes, estructura, temas y época. C) La agrupación por género que se orienta a los cuentos. Cada conjunto de obras posee rasgos distintos que dependen de cada autor. D) La agrupación por tema en que se han integrado las obras literarias. Cada conjunto de obras poseen rasgos comunes en estructura, temas y lenguaje. 12. Género literario de tema heroico. A) Lírico B) Épico C) Epistolar D) Dramático 13. Lee el texto, al terminar contesta la pregunta. Alta cocina Amparo Dávila Nacían en tiempo de lluvia, en las huertas. Escondidos entre las hojas, adheridos a los tallos, o entre la hierba húmeda. De allí los arrancaban para venderlos, y los vendían bien caros. A tres por cinco centavos regularmente y, cuando había muchos, a quince centavos la docena. En mi casa se compraban dos pesos cada semana, por ser el platillo obligado de los domingos y, con más frecuencia, si había invitados a comer. Con este guiso mi familia agasajaba a las visitas distinguidas o a las muy apreciadas. “No se pueden comer mejor preparados en ningún otro sitio”, solía decir mi madre, llena de orgullo, cuando elogiaban el platillo. Recuerdo la sombría cocina y la olla donde los cocinaban, preparada y curtida por un viejo cocinero francés; la cuchara de madera muy oscurecida por el uso y a la cocinera, gorda, despiadada, implacable ante el dolor. Aquellos gritos desgarradores no la conmovían, seguía atizando el fogón, soplando las brasas como si nada pasara. Desde mi cuarto del desván los oía chillar. Siempre llovía. Sus gritos llegaban mezclados con el ruido de la lluvia. No morían pronto. Su agonía se prolongaba interminablemente. Yo pasaba todo ese tiempo encerrado en mi cuarto con la almohada sobre la cabeza, pero aun así los oía. Cuando despertaba, a medianoche, volvía a escucharlos. Nunca supe si aún estaban vivos, o si sus gritos se habían quedado dentro de mí, en mi cabeza, en mis oídos, fuera y dentro, martillando, desgarrando todo mi ser. A veces veía cientos de pequeños ojos pegados al cristal goteante de las ventanas. Cientos de ojos redondos y negros. Ojos brillantes, húmedos de llanto, que imploraban misericordia. Pero no había misericordia en aquella casa. Nadie se conmovía ante aquella crueldad. Sus ojos y sus gritos me seguían y, me siguen aún, a todas partes. Algunas veces me mandaron a comprarlos; yo siempre regresaba sin ellos asegurando que no había encontrado nada. Un día sospecharon de mí y nunca más fui enviado. Iba entonces la cocinera. Ella volvía con la cubeta llena, yo la miraba con el desprecio con que se puede mirar al más cruel verdugo, ella fruncía la chata nariz y soplaba desdeñosa. Su preparación resultaba ser una cosa muy complicada y tomaba tiempo. Primero los colocaba en un cajón con pasto y les daban una hierba rara qua ellos comían, al parecer con mucho agrado, y que les servía de purgante. Allí pasaban un día. Al siguiente los bañaban cuidadosamente para no lastimarlos, los secaban y los metían en la olla llena de agua fría, hierbas de olor y especias, vinagre y sal. Cuando el agua se iba calentando empezaban a chillar, a chillar, a chillar… Chillaban a veces como niños recién nacidos, como ratones aplastados, como murciélagos, como gatos estrangulados, como mujeres histéricas… Aquella vez, la última que estuve en mi casa, el banquete fue largo y paladeado. ¿Cuál es el orden cronológico de los hechos? I. Con este guiso mi familia agasajaba a las visitas distinguidas o a las muy apreciadas. II. Sus gritos llegaban mezclados con el ruido de la lluvia. No morían pronto. Su agonía se prolongaba interminablemente. III. Pero no había misericordia en aquella casa. Nadie se conmovía ante aquella crueldad. Sus ojos y sus gritos me seguían y, me siguen aún, a todas partes. IV. Ella volvía con la cubeta llena, yo la miraba con el desprecio con que se puede mirar al más cruel verdugo, ella fruncía la chata nariz y soplaba desdeñosa. V. Cuando el agua se iba calentando empezaban a chillar, a chillar, a chillar… Chillaban a veces como niños recién nacidos, como ratones aplastados, como murciélagos. A) I, II, III, IV, V B) II, III, IV, V, I C) III, IV, V, I, II D) IV, V, I, II, III